Demasiadas palabras

Sobredosis de parafernalia regia y de empalagosos panegíricos; saturación de socialismo monárquico; hartazgo de bandera y patria. Puro anacronismo. Vuelta al pasado, al tiempo de la censura y bandera única. Aunque no me gustan las banderas —tienen tela en la que algunos se envuelven y otros tapan sus miserias—, parece delirante la prohibición de los colores republicanos en el día de la coronación. Por mucho empeño que pongan ahora, no hay tela suficiente para tapar tan bajo patrioterismo. Reconozco que soy un mal patriota, no me gusta la bandera, no me emociona esa marcha militar convertida en himno aunque agradezco que no tenga letra. Sí, debo ser un mal patriota porque nunca gritaría viva el rey, menos aún si viste de militar y se doblega ante las autoridades eclesiásticas aunque le reconozca el valor, que no tuvieron concejales y ministros, de jurar el cargo sin evangelio ni crucifijo.

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