Lucas Leon Simon

rajoy y marhuenda

 

 

 

Si una clase social de este país no hubiera aprovechado la coartada de unas elecciones generales para enriquecerse sin límites, despojar de derechos, garantías y salarios a todo bicho viviente, refocilarse en el engaño y las promesas electorales incumplidas y formar esta charca maloliente de corruptos, banqueros, tesoreros  y obispos subidos en su cabra ultramontana, quizás nadie se explicaría el pánico que les ha entrado ahora.

La historia de estos últimos años ha sido una creencia, confirmada por los hechos y los fiscales generales, de que además de robar, esquilmar y engañar al prójimo, no pasaba nada. Impunidad total.  Que por una aplicación peculiar del principio de Arquímedes, todo corrupto o ladrón de derechos era impelido hacía arriba con una proporción directa al producto de su robo o prevaricación.

Era, evidentemente, un equilibrio muy inestable, y ha bastado que cuatro licenciados en Ciencias Políticas con coleta se…

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