Lucas Leon Simon

toreros

 

Érase un país construido cínicamente sobre la mentira. Todos eran reos y esclavos de ella. Su monarca era un sátrapa mujeriego y borracho, que se había laureado como “defensor de la democracia” cuando había sido el instigador de una balacera decimonónica, un golpe de estado de bigotes y tricornios.

Sus políticos y partidos eran asociaciones de malhechores que se repartían el botín, a medias, con banqueros y obispos. No se sabe si más corruptos que mentirosos, o viceversa.

Su jerarquía religiosa era una borrosa camada de ladrones, iluminados y pederastas, que habían instigado media docena de guerras civiles por un quítame allá ese catecismo, que no pagaban un céntimo de impuestos y diezmaban sin pudor a las arcas públicas en nombre de la paz y el amor de Cristo.

Su justicia era una entelequia reaccionaria, desnuda de moral, mentirosa y perversa. Protectora y defensora de los poderosos, inclinada al…

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