Lucas Leon Simon

 

mirhab

Los acontecimientos  que están ocurriendo en Córdoba con la masiva inmatriculación de bienes públicos por parte de la Iglesia rebasan todo criterio de racionalidad y se inscriben dentro de lo puramente arbitrario, cuando no delictivo.

Apropiarse, por medio de una ley obscura y preconstitucional, del monumento emblema e icono de la ciudad, la Mezquita, y ahondar en su particular itinerario de rapiña, hasta en el cambio de nombre, es toda una categoría, mucho más cercana al sectarismo doloso que a la supuesta aconfesionalidad de un también supuesto estado de derecho.

Pero la perplejidad del ciudadano atracado y atropellado no queda ahí. Con cuenta gotas van apareciendo nuevas inmatriculaciones, todas hechas con ocultamiento y sin publicidad alguna, lo que no deja de ser una prueba de su ilicitud, sino que en un paradigma que sería hilarante sino fuera trágico, la voracidad infinita de estos iluminados,que ofertan en su ideología que…

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