Hay muertes que espantan. Que estremecen a los vivos. Morir de hambre. Morir de frío. Morir quemado. Porque te están matando. Porque es una muerte injusta en un Estado social. Injustificable. Se cuentan por miles los suicidios vinculados directamente con la pobreza. Con la impotencia depresiva que te señala como culpable de no haber podido sacar adelante a tu familia. Con la desesperanza insalvable tras recibir la notificiación judicial para el lanzamiento de tu vivienda. Muchos mueren quemados por dentro. Hartos de esperar que la misma administración que tolera dispendios y amnistías millonarias pague la limosna de la medicina que curaría la enfermedad que te está matando. Cansados de escuchar que la economía se recupera mientras todo se hunde a tu alrededor, sin empleo, sin ayuda, sin esperanza. Y ahora, además, quemados por fuera.

31-3Este invierno ya ha matado a varias familias que no tenían los recursos adecuados para matar…

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