Cambio de escenario y me bajo al salón de casa en un acto de sentido común.

El sentido común es el más preciado y escaso de los sentidos.

Antes de la renuncia de Rajoy a presentarse a la investidura, el sentido común me llevaba a aconsejar prudencia y paciencia. “Consejos vendo para mí no tengo”, le daba vueltas al refranero, “las prisas son malas consejeras”.

Investir presidente a Rajoy con la abstención de Psoe y Podemos habría sido una oportunidad de terminar con la impunidad del Decreto-Ley que da la mayoría absoluta.

Habría sido interesante tumbar leyes obscenas (Reforma laboral, Lomce, …).

Habría sido una buena oportunidad de gobernar por consenso y para la mayoría de los españoles.

Habría sido como gobernar, pero sin quemarse, desde la oposición.

Habría sido interesante esperar a que la fruta estuviese madura, esperar el momento para dar jaque mate sin precipitar las jugadas, haber tenido la paciencia suficiente .

Habría sido interesante tener altura de miras.

Un viejo proverbio ruso dice: “Si no puedes con tu enemigo abrázalo”, pero con las prisas el enemigo Rajoy se ha escondido, por el momento no está preparado ¿o ha dicho que si en diferido?

¿En qué tejado estará la pelota?

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