Con mi toga y mis tacones

susto

El que tiene boca se equivoca. Ya lo dice el refrán, y mi madre, que es muy sabia. Y, aunque es bien cierto que quien poco habla, poco yerra, ese dicho es de difícil aplicación al teatro, ya que superada la época de Candilejas y entrados ya en Tiempos Modernos, no hay espectáculo sin sonido ni voz. A salvo, claro está, de nostálgicas excepciones como Blancanieves o The Artists. Pero entonces y ahora, los errores y las equivocaciones son moneda frecente en escenarios y platós y, tanto es así, que ha dado lugar a su propio subgénero, las tomas falsas que tan buenos ratos nos regalan en ocasiones. Y confieso que las de Schreck son unas de mis preferidas.

En nuestro escenario también tenemos nuestras tomas falsas y nuestros errores. A las tomas falsas  ya les dedicamos un estreno, y hasta una saga. De errores podríamos hablar uno…

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