Lucas Leon Simon

goya

Valle-Inclán pudo ver una España deformada: la realidad a través de un espejo cóncavo. Un país de toreros con cara de bandoleros, aristócratas ripiosos, jugadores de naipes, sacristanes, matarifes y chulos de bodega o alcoba real.

No era deformidad. Sus esperpentos eran un reflejo del tocino rancio que era la sociedad que se mostraba ante sus ojos.

En el momento actual sólo ha cambiado el decorado. Pero los mismos ejemplares se pasean por los juzgados, los ministerios, las direcciones de los medios informativos y las presidencias. De cualquier cosa, cualquier presidente de algo tiene altas probabilidades de ser un malandrín de mucho cuidado. El presidente de una cadena de franquicias dentales te puede robar hasta el apellido. Y la presidenta de una comunidad autonómica puede ser la “jefa” de una infinita trama de robo, extorsión y crimen organizado.

Hoy los rufianes y rufianas no llevan gruesas patillas sino que administran…

Ver la entrada original 247 palabras más

Anuncios