Hace poco viví una curiosa experiencia con los padres de un equipo de baloncesto de niños de 8 años.  El equipo en cuestión no ganaba ni un solo partido y algunos padres tenían claro que la culpa era del entrenador. No entendían por qué el técnico daba tantos minutos a los niños que jugaban mal como a los que mostraban mejores cualidades.

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