Lucas Leon Simon

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Tengo  68 años. Mis padres eran republicanos vencidos y en mi infancia comí cáscaras de patata, cardos guisados y vinagreras. Con pantalón corto me afilie a las Juventudes de un partido obrero. Repartí octavillas, hice pintadas, me llené las manos y los brazos de tinta de la vietnamina, asistí a miles de reuniones. Todo ello en la clandestinidad y jugándome treinta años de estancia en el “Hotel Sol”.  Me hice sindicalista. Recorrí los polígonos industriales con un megáfono al hombro convocando asambleas y huelgas. Negocié convenios colectivos. Salimos a la legalidad. Fui concejal de mi ciudad. Me tuve que enfrentar –antes que nadie- a los “herminios y rosas” de mi propio partido. Me estigmatizaron, me bloquearon, personal y profesionalmente. Aunque tenía trabajo, hice oposiciones a una empresa municipal. Las gané. Revisaron mi expediente con lupa y, ¡qué casualidad!, un médico contratado encontró que tenía un problema en la región lumbosacra…

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