El Blog de Torres Mora

Hubo un tiempo de mi adolescencia, allá por 1972 o 1973, en el que la idea de dedicarme a trabajar la tierra era algo más que una posibilidad. Al fin y al cabo es lo que habían hecho todos los miembros de mi familia desde la invención de la agricultura en el Neolítico. Mientras regábamos nuestro campo, mi padre me explicaba la disposición de los surcos por los que fluía el agua. Técnicamente la forma de regar que usábamos se llama riego por gravedad. Recibe ese nombre porque es la fuerza de la gravedad la que hace que el agua fluya a lo largo del tablero y penetre la tierra.

Mi padre insistía en que es muy importante leer la inclinación del terreno porque, si te equivocas e intentas que el agua suba una leve pendiente, casi imperceptible para el ojo no entrenado, te puedes encontrar con todo tu campo…

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